Thursday, October 26, 2017

El campeón del autoboicot

Los justos


Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire. 
El que agradece que en la tierra haya música. 
El que descubre con placer una etimología. 
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. 
El ceramista que premedita un color y una forma. 
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. 
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. 
El que acaricia a un animal dormido. 
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. 
El que agradece que en la tierra haya Stevenson. 
El que prefiere que los otros tengan razón. 
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Saturday, August 12, 2017

I'm not a beast nor a god

When i'm with her, i guess i feel less alone, but then the next day it's like a tax on my loneliness.

Friday, July 28, 2017

Altruismo egocéntrico

¿Cómo es que uno puede negarse alegrías, tantas, sólo para en un futuro no sufrir más de la cuenta, refrenándose emocionalmente, porque el más mínimo sentido de pérdida es catastrófico?
Y aún así. luego de toda esa agonía por inacción, después de ese titubeo autoimpuesto, la realidad siempre nos alcanza, lacerando el ego visceralmente.
La única conclusión es entregarse completamente, sin miramientos, sin especulaciones, sin dudas.

¿Qué nos queda de otro modo?

Qué contraproducente es darse cuenta de lo que nos hace mal.

Sunday, October 30, 2016

Descargo

Acá debería haber un descargo. Para decir exactamente qué es lo que pienso, lo que fue y lo que debería hacer. Pero la verdad es que es tan banal, tan efímero que la entrada sólo simboliza.
Pienso que la vida no es justa muchas veces, en su forma de operar, cómo decide cuánto y cuándo, mas no así en su balance. Pienso que todas las soluciones vienen de la claridad, uno de los dones más codiciados. Pienso que esto es una boludez, y no debería seguir escribiendo.

https://www.youtube.com/watch?v=crC4DKiKPYY

Monday, July 6, 2015

L'uomo pipistrello

Earth was never meant to live this long.

 She was supposed to die with her sister, Mars, years ago. She's been sick, plagued by ice age chills, fever swings, and marks on her complexion.

 But I knew Earth when she was beautiful, and now that she's not, I still remember.

 It's a shame I can only see her every seventy years. But that's the rules of the cosmos, as the mathematical gears of the universes laws bring us together and sperate again. Our relationship was long distance, but each time I returned, she looked worse, more tiresome, more feeble.

 "Earth," I cried, swinging by her in an arcing hug, "Earth, you cannot leave me now. You cannot leave me alone, to travel in this solar system for seventy years, and have only sadness when I finally reach you."

 "Halley, my comet, my love." Said Earth in my embrace, "I fear I am near my end. I have waited this long to see you, and I do not know if I can wait again."

 "No," I cried, "Surely there is a way. A way for me to spend the rest your days with you."

 Earth was silent, then she said, "There is one way. I will fill a creature with my spirit, but my spirit will sleep until you arrive. Seventy years alseep, and one awake, and I will spend all those ones with you."

 So Earth poured her spirit into a new being she named man, and every seventy years, as I flew back, she awoke. Now millions of eyes watch me pass, and I see her in every one of them. But though she ages slower, death still comes for her. It comes as her spirit slowly falters in men, and they forget her, and she departs their bodies an minds, and they too will fall to waste.

 But until that time will pass, I get to see her every seventy years. She sees me every one of her waking days.

 I now leave a sparkling tail, as tears fall behind me, because I fear her last day is soon.

 And even though she has so little left, men depart her with the remaining bits of her spirit, stealing it from me, traveling where I shall never see her again.

Thursday, May 21, 2015

Coming up next

Realizations and dark stuff.

Hablar

Se me critica que digo muchas boludeces, o que no se qué decir, pero lo voy a explicar, porque me interesa que lo sepas.
Cuando uno, una persona, pierde lo más importante, aquello por lo que vive, eso que te hace levantarte a la mañana, y sentís que literalmente estas muerto, cuando uno realmente se da cuenta, cuando le cae la ficha, cambia mucho.
Durante un tiempo no tenés prioridades, tus pensamientos son una montaña rusa que consiste en nimiedades y problemas existenciales, luego de ese padecimiento, es una tarea muy complicada hablar con otro ser humano, porque no hay filtro ni punto de referencia en cuanto a temas, porque al cabo, son todas capas de una misma forrada monótona.
Pero no todo es gris, y uno sabe, y llega a la conclusión de que sólo hay dos cosas que pueden emplearse en la comunicación, tan intrínsecamente personales, tan poderosas, que la única forma de compartirlas es que el presente sea alguien de profundo respeto o gran afecto, y aun así en situaciones especiales.
Y es por eso que duele mucho cuando uno las expresa y es criticado al respecto.


Las pasiones, y el silencio cómodo.

Descargo

Que tal, vuelvo después de un tiempo, porque me parece lógico y oportuno.
Un descargo de que? bueno, de todo. El blog claramente fue diseñado para eso, es lo que me gusta creer, así que es para lo que lo vamos a usar, sin fecha de vencimiento. Esta medio venido abajo, pero me parece bien, porque dice que en una época la estética era importante, y claramente ya no; vomitar todo lo que se pueda.

Sunday, December 15, 2013

Como un Chow mein sin brotes de soja

Marito

Estados de Ánimo

Unas veces me siento 
como pobre colina 
y otras como montaña 
de cumbres repetidas. 

Unas veces me siento 
como un acantilado 
y en otras como un cielo 
azul pero lejano. 

A veces uno es 
manantial entre rocas 
y otras veces un árbol 
con las últimas hojas. 

Pero hoy me siento apenas 
como laguna insomne 
con un embarcadero 
ya sin embarcaciones 
una laguna verde 
inmóvil y paciente 
conforme con sus algas 
sus musgos y sus peces, 
sereno en mi confianza 
confiando en que una tarde 
te acerques y te mires, 
te mires al mirarme.

Tuesday, November 20, 2012

Epa, quien encontro el blog?

El último pernocte?

Creo en los cafés, en el dialogo, creo en la dignidad de la persona, en la libertad. Siento nostalgia, casi ansiedad de un Infinito, pero humano, a nuestra medida.

Friday, October 12, 2012

Hay que hacer una pelicula de mi vida boludo

Gracioso, casi poético, la última opción de la última entrada, aquella que puse por joder, por retar al destino a decir: dale puto sorprendeme ahora si podes, fue aquella que se concreto, que garca hijo de puta, pero ojo, no estoy enojado, para nada, siento que aquel motorcito que había en mi, engrano como no lo había hecho en mucho tiempo, una especie de furia, pero no maligna, que me hace acordar a cuando el viento cambia de dirección mientras uno anda en bicicleta, ese pequeño empuje que nos invita a acelerar al máximo .
En otros ámbitos, 12 de octubre, "Día de la raza", o día de no se que otra cosa para no ofender a los que masacraron. Títulos sin sentido para un día que para mi tiene otra caratula y contexto que distan mucho de esa realidad. Día que tiene como consecuencia todas esas porquerías de papel doblado que algunos llaman origami, que no hacen más que representar el tiempo que  gasto en un "arte" tan mediocre.
Me preguntaría que es que algo sea, pero no tengo ganas, prefiero escuchar la radio.

Wednesday, October 10, 2012

Pobre de vos hoja en llamas

Hacemos combo loco porque es necesario, no por otra razón. El tema que si no quiero tocar es porque es necesario, se enteraran, o no, o hasta hay una chance de que ni yo me entere. Este orden no es por azar, ni por asomo.

Sunday, September 16, 2012

El amor de los metalampos

Hace muchísimo tiempo, en un planeta que no era éste pero se le parecía un poco en el contorno de la circunferencia, hubo una raza superior a todas las que habitaron el Universo en cualquier época y en cualquier rincón. Eran bellos, inteligentes, generosos, compasivos, valientes y suaves al tacto. En su apogeo como civilización, lograron construir una sociedad perfecta: en su mundo no existía el hambre, ni el trabajo aburrido, ni los abogados, ni la enfermedad, ni la democracia. Se llamaban los metalampos. Tal era la sabiduría natural de estos seres, que cualquiera de las grandes mentes conocidas de nuestra civilización (pongamos un Einstein, un Da Vinci, un Sócrates) en el mundo metalampo hubiera tenido que ganarse la vida como empleada doméstica o guionista de televisión. Pero comencemos por ubicarlos en el tiempo. El planeta Metalampo no fue contemporáneo a nuestro planeta Tierra, sino muy anterior. Cuando ellos vivieron su maravillosa época dorada, nosotros no éramos siquiera un boceto mal dibujado en la servilleta del cosmos. Para que podamos comprenderlo con una metáfora, diremos que si la historia humana en todo su conjunto se resumiera en el día de hoy, la vida metalampa se habría desarrollado el jueves 12 de agosto de 1933, entre las cuatro y las cinco de la tarde. En este planeta remoto la vida transcurría en paz. Pero ésta era una paz verdadera, no una breve tregua entre dos horrores, que es lo que nosotros podemos entender como la paz. Los metalampos nunca tuvieron guerras, ni conflictos armados. Tampoco conocieron revoluciones ni epopeyas. Esta ausencia de confrontaciones les resultó muy ventajosa para la práctica del ocio (que dominaban como nadie), pero también les acarreaba algunas desventajas de orden práctico, pues al carecer de momentos históricos, de héroes, de generales y batallas, nunca lograron ponerle nombre a sus calles y el servicio de correo postal fue siempre muy ineficaz. De hecho, es sabido que los metalampos escribieron millones de cartas a lo largo de su historia, pero sólo ocho de ellos pudieron leer alguna. Y es que, al contrario que otras civilizaciones menos humildes, los metalampos no se desvivían por las telecomunicaciones, ni por el perfeccionamiento técnico. Si había que inventar algo se inventaba, pero sólo si era necesario o urgente. Cuando se topaban con una enfermedad, descubrían la cura; cuando encontraban un precipicio, inventaban el puente. Pero no alardeaban. No avanzaban por avanzar. Hay un ejemplo muy claro de esta actitud: como nunca hallaron problemático esperar media hora y volverse a llamar, jamás desarrollaron la telefonía móvil, a la que consideraban una tecnología histérica. En realidad, los metalampos no fomentaban el progreso porque no padecían ansiedad por llegar pronto a ninguna parte, dado que se hallaban muy a gusto donde estaban. Y quizás por ese motivo consideraban que el progreso, antes que mejorar la calidad de vida, sólo tendía a afearles el cuerpo. "El mando a distancia no te hace más moderno", rezaba un refrán metalampo, "lo que te hace es el culo más gordo". El único problema de los metalampos era el amor. Cuando dos metalampos se enamoraban de verdad y sin remedio, morían instantáneamente. A veces primero uno, a veces los dos al mismo tiempo. Esto, al principio, provocó que los metalampos tendiesen a la promiscuidad, pero como eran seres de un corazón enorme, una gran inteligencia y una belleza alarmante, no podían dejar de enamorarse tarde o temprano. Y de morir inexorablemente en lo mejor de su edad. Quizás para equilibrar su paso fugaz, una de las características más obsesivas de los metalampos fue lograr la máxima sencillez en el lenguaje. Para ello hacían uso de un sistema encadenado de caracteres, en donde el mínimo cambio de estructura confería distintos significados. Era tal la capacidad de síntesis del lenguaje metalampo que un dibujante era capaz de realizar un identikit perfecto escuchando del testigo únicamente la palabra "estuqi". La composición molecular de su lenguaje propiciaba que cualquier cadena de caracteres significase algo. Un metalampo ciego aporreando un teclado generaba palabras reales. También un bebé metalampo gateando por arriba de un cuaderno. Todos, al pasar por encima de un teclado o garabatear signos en un papel, emitían una idea y hasta a veces un soneto con rima consonante. Algunos narradores metalampos de vanguardia solían escribir largas novelas tirando seis o siete bolsas con fichas del escrabel desde distancias considerables. De este modo cualquiera podía escribir, con independencia de su capacidad de comprender lo escrito. (En el mundo humano, lo más parecido a esta práctica se denomina blog). Otra capacidad extraordinaria de esta raza es que sólo eran capaces de adquirir conocimientos en la oscuridad. De día o con luz artificial, únicamente estaban capacitados para disfrutar, reventarse granos, cantar, reproducirse y cocinar. Pero si lo que deseaban era aprender un arte, un oficio o una ciencia no recurrían al esfuerzo sino a la falta de luz. Para aprender el oficio de repostero, por ejemplo, un metalampo sólo necesitaba entrar en una panadería y permanecer a oscuras un par de horas. Para conocer los secretos de la mecánica automotriz, debía meter la cabeza dentro de un capó y esperar un rato. Para conseguir una licenciatura en psiquiatría, únicamente había que entrar de noche en un manicomio. Además, la educación era involuntaria. Tras el Gran Apagón del año 878, que duró seis días y provocó terror y suicidios, más de dos millones de metalampos se convirtieron, sin darse cuenta, en campeones mundiales de ajedrez. Los adolescentes metalampos aprendían todo lo concerniente a la educación básica y media en sólo cuatro noches, encerrados en una biblioteca sin luz eléctrica. Sólo un número insignificante de adolescentes (en general albinos) reprobaban alguna materia y tenían que volver durante el fin de semana. "Me llevé matemáticas a sábado", le decían a sus padres. La sabiduría era —de este modo— un bien tan fácil de adquirir que todos poseían conocimientos amplios, minuciosos y extravagantes sobre cualquier cosa. En el mundo metalampo no existían los conceptos de escuela, universidad, taller literario, libro de autoayuda, o televisión estatal matutina. Al no ser la educación un valor agregado, tampoco existía la noción de pedantería intelectual. En el mundo metalampo la erudición no constituía un privilegio sino un síntoma de haber comprado una casa mal iluminada. Tal era el poder del conocimiento en la oscuridad, que a lo largo de sus vidas los metalampos eran capaces de practicar más de sesenta profesiones diferentes y mantener en activo dos docenas de hobbies. El saber, por tanto, no tenía edad. De hecho, todos los metalampos nacían ginecólogos. Mucho más complejo y peligroso les resultaba, en cambio, el arduo camino de la conservación de la especie. Al tenerlo todo, era previsible que la naturaleza debiera equilibrar tantos dones sembrando —en la aparente felicidad metalampa— un escollo difícil de soslayar. El exterminio provocado por el amor mutuo que se profesaban, que nunca pudieron solucionar porque no era de hecho un problema sino una conformación genética, los estaba matando lentamente. En su apogeo, los metalampos eran alrededor de 180 millones, y su tasa de natalidad menguaba un 6% cada año, dado que el sexo por recreación era peligrosísimo, pues la diferencia entre clímax y amor los confundía bastante. Las familias, casi siempre, estaban constituidas por una pareja que no se amaba en absoluto, pero que se escudaba en la monogamia por temor a una aventura extramatrimonial que pudiese dejar huérfanos a los niños. Comenzó entonces, poco a poco, a gestarse el fin de la raza más valiente y hermosa de todas las que habitaron nuestro Universo. Una decadencia tan cruel, injusta y romántica, que generó una de las leyendas más perdurables que se conocen: la orgía del fin del mundo. Con el paso de los años, entendieron que el miedo a la felicidad podía costarles algo más que la extinción: les costaría la permanencia inútil en una vida sin deseos ni profundidad. Y entonces, con la sabiduría que los caracterizó también en las buenas rachas, decidieron organizar una bacanal de duración indeterminada, con el objeto de que cada metalampo pudiese morir de amor y no de miedo, hasta que no quedase nadie. Esta fiesta, que fue la más grande de todas las que se han llevado a cabo en el Universo, duró catorce años y comenzó con siete millones de invitados. El vino, la gaseosa y la cerveza se convirtieron en alimentos gratuitos de primera necesidad, y se colocó iluminación accesoria en todos los espacios, para que nadie aprendiese nunca nada nuevo en lo oscuro, durante la orgía monumental. Los metalampos salieron entonces a las calles a buscar a su media naranja y morir en sus brazos. Después de siglos de monogamia, matrimonio vacío y sedentarismo ocioso, ahora todos conversaron y rieron con todos. Todos se besaron en la boca para saber qué pasaba. Algunos, los más enamoradizos, morían pronto, pero los primeros entierros eran excusas llenas de música para que otros solitarios conociesen gente nueva. Fueron años de jolgorio, tumulto en las esquinas, sexo casual, mordiscos leves y música improvisada. Como no había vecinos con ganas de dormir (puesto que todos estaban en la fiesta), ni existía la policía, ni las sociedades de derechos de autor (puesto que era un planeta sensato) tampoco había motivos para que la bacanal llegase a su fin ni para que nadie cobrase cánones y multas. Al séptimo año se habían celebrado más de seis millones de muertes por amor, y la música no cesaba. Ni tampoco el amor. Al comienzo del último año de la fiesta (y de la especie) solamente quedaban 724 metalampos en la superficie del planeta. Desde el aire, parecían una pequeña manifestación enloquecida gritando y bebiendo y cantando. No había dolor ni remordimiento. Cada vez que uno de ellos moría, los que estaban cerca lo cubrían de flores y el grupo seguía el viaje hacia la eternidad elegida. Por las noches dormían a la intemperie, bajo unas enormes mantas cuadriculadas por donde se metían mano sin saber quién era quién, y se besaban en la oscuridad diciéndose sus nombres para reconocerse. Ni siquiera en los inviernos más gélidos de esos catorce años sintieron frío. Ni siquiera cuando en vez de setecientos fueron noventa. Y tampoco cuando sólo quedaron ocho. Y después fueron seis; y más tarde tres. Los últimos dos metalampos amanecieron con algo de resaca, el último día de la especie. Cubrieron de flores al antepenúltimo de sus muertos y se fueron a limpiar un poco el desastre de la noche (botellas rotas, manteles a la miseria, ropa interior por el suelo) antes de fumarse un cigarro juntos y contarse sus vidas. Sabían, por haber llegado juntos al final de la fiesta, que eran los anfitriones y que aquélla era ahora su casa. Los dos estaban un poco sensibles y borrachos, después de tanta fiesta. Eran jóvenes y hermosos. La mañana parecía de primavera y tenían claro que no tardarían mucho más en enamorarse.


Hernán Casciari

Wednesday, September 12, 2012

Xeno

Es curioso ver cómo el tiempo te asalta a punta de pistola y tienes que hacer esfuerzos para esquivar la bala en las costillas. Cierras los ojos para mantener a salvo la calma de los días que se escapan de las manos y los recuerdos de fotomatones a los que nunca volviste. Te das una vuelta y te asombras al pensar lo mucho que hemos cambiado, y mira que dicen que la gente no cambia. Coleccionas imágenes que se van borrando a toda prisa, y cicatrices que prevalecen, porque la vida es como una super8 que no deja ver con claridad lo mucho que tenemos que aprovechar cada detalle. Cada sonrisa. Cada lágrima. Pero las tormentas ponen triste y hay veces que es imposible mantener la alegría cada segundo. Porque aunque haya pasado tanto tiempo sabes que hay cosas que olvidarás. Y otras que no. Y cada vez te das más cuenta de lo leve de todo lo que te rodea. Y que no vale la pena, pero a veces no podemos evitarlo. Somos humanos. Nos atascamos en el pasado y soñamos con el futuro, y el presente, se nos escurre de las manos. “Vivir”… esa acción que nos desconcierta a veces, cuando nos aburrimos o no nos atrevemos a soñar despiertos. Nos pasamos la vida aprendiendo a vivir. Somos así. Se nos olvida vivir. Y vivir es lo único que tenemos.



Thursday, August 30, 2012

En busca de la tortuga prófuga

Tengo cosas para escribir, pero vamos a esperar a ver el diario del lunes.